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Última actualización 2017.06.28

Fundación MAXAM - Alfred Nobel - Inventor, emprendedor, empresario, humanista

 



1833 (Estocolmo, Suecia) -1896 (San Remo, Italia). Un recorrido que comienza con la educación recibida en la ciudad donde vivió desde los seis años, San Petersburgo, y  con su propia vivencia de los proyectos y ambiciones industriales de su padre, Immanuel. Éste, tras arruinarse con su primera compañía dedicada a la construcción en Suecia, comenzó un nuevo proyecto relacionado con la industria de defensa que resultó de gran éxito.


Educación

Ese éxito permitió que Immanuel Nobel diera a sus hijos una educación completamente personalizada, con formación impartida por profesores seleccionados por él y que acudían al hogar familiar para educar a los jóvenes. Así fue como Alfred se formó en matemáticas, física, química, literatura, historia y filosofía. A los 17 años hablaba cinco lenguas: sueco, ruso, inglés, francés y alemán. Su etapa formativa se completaría con dos años de viajes por Suecia, Alemania, Francia y EE.UU.

En estos viajes conoció a personalidades como el químico italiano Ascanio Sobrero, inventor de la nitroglicerina, en París o en Nueva York a John Ericsson, el ingeniero sueco-americano que diseñó los primeros motores de hélice para barcos.

Empresario y químico, dinamita y petróleo

La nitroglicerina y sus posibilidades le llamaron la atención desde el primer momento. Su afán investigador le llevó a dar con la fórmula que permitiera un uso productivo y seguro de la misma. Así fue como llegó la dinamita y le llevó a extender por Europa y EE.UU. la producción y uso industrial de los explosivos.

Con los beneficios obtenidos participó como accionista en los negocios de extracción y refinería de petróleo de sus hermanos Robert y Ludvig en la actual Azerbaian (entonces, década de 1870, parte del Imperio Ruso).

Esta región, que contaba con importantes reservas petrolíferas, pasó de una explotación con medios limitados (ej. logística de tracción animal) a ver triplicar su producción (de 22.000 Tm en 1872 a 75.000 en 1877). El petróleo se transportaba desde pozos a refinerías mediante tuberías, y después mediante barcos adaptados para ello: los primeros petroleros.

Interés por la medicina

Sin embargo, Alfred nunca llegó a visitar estos negocios en los que participaba. La causa, su siempre delicado estado de salud incrementado por las largas jornadas de trabajo y los continuos viajes.
 
Su acercamiento a la medicina fue desde el interés científico y mediante su trabajo en el laboratorio con la nitroglicerina. Así fue como descubrió los efectos secundarios de la manipulación de ésta (ej. dolores de cabeza) y los posibles efectos beneficiosos de la misma como  asodilatador para afecciones coronarias (como la angina de pecho que él mismo tuvo).

En sus cuadernos de notas en el laboratorio apuntó muchas ideas de temas que según él debían ser trabajados, como buscar alternativas anestésicas –apuntando incluso la vía intravenosa– a la inhalación de cloroformo que se practicaba entonces.

La importancia que Alfred Nobel daba a la investigación médica como área para el progreso y desarrollo de la humanidad quedó clara en la redacción de su testamento del que surgieron los Premios Nobel. Uno de ellos era a “aquella persona o personas que hayan logrado el descubrimiento más importante en el campo de la Fisiología o Medicina”. Los otros premios fueron para Química, Literatura y Paz. El de Economía no sería establecido hasta 1968.

 CREATIVIDAD LITERARIA
Su segunda dedicación, tras el trabajo y la investigación, era la literatura y la escritura. Tras su fallecimiento dejó una biblioteca privada de más de 1.500 volúmenes en la que primaban la teología y la historia, entre otras disciplinas. Junto a este legado, el suyo propio: la correspondencia intercambiada durante toda su vida, poemas escritos durante su juventud, varias novelas y hasta dos obras de teatro, además de cientos de anotaciones y reflexiones en sus cuadernos de trabajo como:

“La realidad de la vida se muestra tal cual es y del sueño de la felicidad tan sólo queda el fantasma de los recuerdos”.

En su último año de vida (1896) y mientras vivía en San Remo (Italia), escribió ‘Némesis’, una obra de teatro en la que nos deja muchos diálogos de los personajes que reflejan claramente su concepción filosófico-emocional y su experiencia melancólica de la vida:

"Así fue como crecí y me convertí en una criatura con pensamientos y emociones y con un mundo interior poético que ninguna tiranía fue capaz de erradicar. Las maravillosas canciones de nuestros poetas eran para mí ecos encantadores y relajantes de un mundo espiritual lleno, a partes iguales, de emociones y pensamientos”.



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