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Última actualización 2017.08.21

Fundación MAXAM - Alfred Nobel - El nacimiento de la industria del explosivo

 



“Mi nuevo explosivo, denominado dinamita, es sencillamente nitroglicerina combinada con un silicato muy poroso, y le he dado un nuevo nombre, no para esconder su naturaleza, sino para enfatizar su carácter explosivo en su nueva forma; éste era tan diferente que era necesario darle un nuevo nombre. Es una masa de color rojo-amarillo, de textura blanda y plástica, presentada de forma encartuchada de un cierto calibre y entonces envuelto en papel”.

El 19 de septiembre de 1866, Alfred Nobel registraba en Suecia una patente con este texto descriptivo. La marca registrada del producto sería “Dinamita o pólvora de seguridad Nobel”, elección determinada por el significado del término griego dynamis: poder. Un producto al que llegó Alfred Nobel por su capacidad visionaria e investigadora con tesón que había comenzado años atrás con el conocimiento de la nitroglicerina.


Las posibilidades de la nitroglicerina

La nitroglicerina fue inventada por el químico italiano Ascanio Sobrero en 1847 a partir de una combinación de ácidos nítrico y sulfúrico. Inicialmente la llamó “piroglicerina”. Desde el primer momento el italiano fue consciente del alto potencial  energético del producto y de lo difícil que era poder manejarlo con ciertas condiciones de seguridad. Variaciones en su temperatura o movimiento podrían provocar su detonación.

Alfred Nobel coincidió con Ascanio Sobrero en el período 1850-52, durante su formación en París en el laboratorio del químico T.J. Pelouze. Nobel ya estaba familiarizado con la aplicación de la química para la creación de  explosivos, su padre Immanuel fue el inventor de las minas subacuáticas, producidas por primera vez por la empresa de éste en San Petersburgo para proteger su puerto de incursiones durante la guerra de Crimea (1854-56).

Motivo éste por el que Alfred conocía las posibilidades del nuevo producto, pero también del reto a superar para conseguir una correcta y segura manipulación, producción, transporte y uso final. Tras el cierre de la empresa familiar en 1856 en San Petersburgo, Nobel volvió a Estocolmo y en sus afueras estableció un laboratorio en el que investigó cómo poder llegar a un uso práctico de la nitroglicerina.

1863, patente del detonador

En octubre de 1863, Alfred Nobel patentó un derivado de la nitroglicerina que denominó “gasóleo para voladuras”. Le seguiría poco después el detonador, denominado “iniciador”, un tubo de madera hueco rellenado con pólvora negra, que posteriormente pasaría a ser conocido como detonador. El empeño de Alfred queda reflejado en sus palabras: “Soy el primero en haber trasladado estas materias del terreno de la ciencia al de la industria.”

Consiguió un préstamo de un banco francés y comenzó su aventura empresarial. En 1864, la Compañía Ferroviaria de Suecia construyó el túnel Soder en Estocolmo (500 metros, para la conexión ferroviaria norte-sur de la ciudad) mediante el
uso del “gasóleo para voladuras” de Nobel. En 1865, Alfred mejoró su detonador y sustituyó su componente de madera por uno de metal. Ese mismo año comenzó la construcción de una fábrica en Alemania (cerca de Hamburgo) y realizó su primer viaje de negocios a EE.UU. con las patentes que ya tenía registradas.

Kieselguhr

A pesar de que la patente de Nobel había reducido los riesgos de manipulación de la nitroglicerina, un accidente en su planta alemana en agosto de 1866 –similar al sufrido en Estocolmo en septiembre de 1864– le hizo pensar que la solución estaba en diluir la nitroglicerina en algún tipo de material poroso que formara una mezcla fácil de manipular.

En las cercanías de la planta descubrió un tipo de arena porosa y absorbente denominada en alemán Kieselguhr. Ésta, al absorber la nitroglicerina formaba una pasta fácil de trabajar y de moldear en forma de barras que pudieran ser fácilmente introducibles en los barrenos. Igualmente, se podía transportar con facilidad sin problemas de inestabilidad y tan sólo ser iniciada mediante el uso de un detonador.

Producción industrial de la dinamita: las grandes infraestructuras

La patente sería registrada en Suecia el 19 de septiembre de 1866. Le seguirían otros registros nacionales en Gran Bretaña o EE.UU. Comenzó a producirse de manera industrial y a utilizarse y demandarse con un crecimiento exponencial. Es el momento histórico de los grandes proyectos de infraestructuras: líneas ferroviarias, puertos, puentes, carreteras, túneles, explotaciones mineras… para las que era necesario realizar operaciones de voladuras.

Como ejemplo, una de las primeras grandes infraestructuras en que el uso de la dinamita fue vital para su consecución fue el túnel ferroviario de St. Gotthard (Suiza), con un recorrido de 15 km, inaugurado en 1881.

 EL PRIMER GRAN RECONOCIMIENTO

En el año 1868, una vez que la dinamita ya era un invento reconocido por la comunidad científica, la Real Academia de Ciencias Suecas galardonó a Alfred Nobel y a su padre por sus “importantes descubrimientos de un gran valor práctico para la humanidad.

La medalla conmemorativa que editó la Academia con motivo del galardón representaba en uno de sus lados un túnel construido mediante voladura. Por el otro lado, un retrato de Alfred Nobel con la inscripción latina Creavit et promovit (“creó y promovió”), tres palabras que bien resumen la vida del inventor de la dinamita.

Xilografías de Lagarde, publicadas en ‘La Ilustración Militar’ en 1881.
1. Fabricación de cartuchos de dinamita.
2. División de la gelatina explosiva.
3. Fabricación de la dinamita explosiva.


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